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Departamento de Geografia - Universidade Estadual de Maringá


  
Volume 6 Número 2 Abr/Mai/Jun 2002
ISSN 1415-0646 

TÍTULO  Geografía urbana: una enfoque desde sus cimientos espaciales y sus fundamentos sociales
AUTOR Ricardo Ramírez Suárez
ENDEREÇO  Investigador adscrito a la Asociación Colombiana de Estudios Urbano Regionales (ACIUR)

Resumen: El presente ensayo ha sido concebido con la intención de resaltar algunos elementos conceptuales que considero significativos para la conformación y consolidación de una Geografía Urbana relevante, tanto en el que hacer académico como en la práctica profesional.Mi pretensión es demostrar que este tipo de transformaciones nos son cada vez más cercanas y por tanto, el abordaje de las problemáticas urbanas por parte de la geografía resulta fundamental para poder cimentar una disciplina relevante a los requerimientos del futuro.

Palabras claves:Globalización, Geografía urbana, Latinoamérica


El avance de la globalización está originando una serie de transformaciones económicas, sociales, políticas y culturales, que tienen en los grandes centros urbanos a sus principales protagonistas. El hecho de que ciudades de la importancia de Paris, New York, Tokio o Sidney, así como otras en todo el planeta, emprenden grandes proyectos de renovación urbana, constituye un importante indicador en este sentido. Como señala N. García Canclini (1), algunas de nuestra ciudades latinoamericanas y en especial las  que están a tiempo de solventar el proceso de megalopolización  desordenada como por ejemplo Bogotá, Brasilia o San José de Costa Rica están expuestas a requerimientos similares si quieren acceder a posiciones políticas y económicas competitivas dentro de sus respectivos mercados regionales.

En ese sentido, el avance de la globalización impone a los centros metropolitanos nuevas formas de organización físico-territoriales, capaces de controlar y articular los procesos productivos de amplios territorios circundantes. Dichas transformaciones generan importantes cambios socioculturales, principalmente en lo referido a las "formas de habitar el espacio urbano", las cuales abren nuevas perspectivas y nuevos desafío a la geografía.

Desde hace unos años las ciencias sociales latinoamericanas se han plateado la necesidad de mirar la ciudad no tanto como un escenario de acontecimientos, sino más bien como un fenómeno en sí mismo que nutre de diversas y complejas experiencias urbanas. Las nuevas dinámicas territoriales producto del desarrollo del capitalismo informacional - en palabras de M. Castells - ha generado nuevos fenómenos y acelerado otros, como son el surgimiento de ciudades con múltiples centros o la tendencia a la metropolitanización de las mega urbes latinoamericanas. El interés de realizar 'estudios de la ciudad' más que 'estudios en la ciudad'(2) se encuentran, sin embargo, con una restricción teórica y metodológica. Los momentos en que la Sociología y la Geografía se han encontrado con el urbanismo son generalmente para plantear los macro procesos, o en su defecto, expone lo micro en relaciones de determinación causa-efecto de dudosa simplificación.

En esta dirección podemos dar con un importante cúmulo de estudios que plantean la relevancia de los procesos de urbanización latinoamericana y de la importancia económica y política de las urbes, relaciones trabajadas por sociólogos, politólogos e historiadores, que dan cuenta de los fenómenos físicos (o morfológicos) de la ciudad. Esta mirada 'satelital' observada por dichos especialistas se encuentra lejana a la sensibilidad 'a pie' de la experiencia de la ciudad. Caminar por una ciudad, vivir la experiencia de las calles, las plazas y mall's nos permitiría aprehender la ciudad en cuanto a su construcción subjetiva, en cuanto hecho sociocultural. No cabe duda que dicha mirada ha sido más próxima a poetas y artistas que a la de cientistas sociales o urbanistas.

En la intervención directa o indirecta sobre la ciudad, ya sea a través de la planificación o de la ejecución de proyectos urbanos ha prevalecido una lectura 'satelital' de la ciudad. Los artificios técnicos-planificadores han marginado la experiencia subjetiva de la urbe. Lo cierto es que no se ha trabajado lo suficiente en el desarrollo de la complementación de ambas miradas, que permita la integración de esta polaridad y el disciplinamiento de una sensibilidad que de cuenta de hechos físicos y hechos socioculturales.

En este sentido David Harvey (3) nos provee de una crítica general al problema de la planificación urbana. El autor plantea, en términos generales, que lo físico y social se construyen a partir de un conjunto de imaginarios. El aprendizaje y manejo de estos imaginarios se encuentran asimétricamente desarrollados por la tradición cristiana-occidental. De esta manera cualquier individuo puede verse a sí mismo como un 'hombre de su tiempo', comprender como le afectan las leyes, los procesos sociales, las dinámicas económicas, etc., una multiplicidad de elementos que se constituyen en referentes para su acción y desenvolvimiento en el mundo. Por otro lado -siguiendo al autor- carecemos de una auto-percepción desarrollada acerca de nuestro desplazamiento e interacción con los espacios físicos. La ocurrencia particular de nuestros actos en un espacio y tiempo únicos suele ser rutinizadas hasta despojar ese tiempo-espacio de toda cualidad.

Este ejercicio de ocultación, de difuminación de la cualidad espacio-temporal puede ser comprendida como una constante labor de reducción de contingencia, frente a lo cual sería un rol del investigador destrivializar este proceso, evidenciando sus propias condiciones de producción.
Siguiendo con Harvey, el desigual desarrollo entre la imaginación social y la imaginación espacial, no ha permitido construir un diálogo fructífero entre ambas. Este diálogo se ve dificultado por el problema de traducción entre ellas, la inexistencia de un metalenguaje obstaculiza articular ambas dimensiones mas allá de una ingenua causalidad directa.
Harvey plantea la dificultad con la que se encuentra el planificador al comprender las dinámicas sociales, por lo general los modelos que se aplican son en extremo teóricos, operando en el mundo del cálculo ingenieril, el cual al ser aplicado en el mundo real genera severas distorsiones.

Luego de esta crítica general entre las relaciones disciplinarias de espacio y sociedad, puntualicemos dicha relación desde una mirada sociológica.
Anthony Giddens (4) en la elaboración de su teoría de la estructuración, otorga un interesante protagonismo al espacio en la construcción de sociedad. No es interés de este ensayo profundizar respecto a la teoría presentada por Guiddens, sólo plantear en términos generales, que el autor inglés intenta estudiar las relaciones cotidianas de los individuos y de como en ellas juegan las estructuras societarias.
Cuando Guiddens aborda las estructuras societarias, no lo hace con relación a como se reflejan las estructuras que subyacen en lo social a través de la interacción cotidiana, tema recurrente en la sociología, sino más bien, como esas interacciones en espacios microsociales generan nuevos niveles de estructuración.

En primer lugar se plantea lo siguiente: dos personas no pueden ocupar el mismo espacio en el mismo tiempo, y a su vez, las posibilidades gestuales y de transporte se encuentran físicamente restringidas. Esto último lo podemos identificar como las restricciones que impone el espacio.
En segundo lugar, a un individuo se le reconoce su independencia en la constitución de escenarios sociales, como seres intencionales que actúan con un proyecto. Como veíamos, este proyecto se ve enfrentado a las restricciones que presenta el espacio. El individuo por su parte, buscará nuevas apropiaciones de ese espacio ya restringido. Potencialmente la restricción será vista como una oportunidad, desarrollando la posibilidad transformadora de la actividad humana en la generación de nuevos tipos de estructuración social.
Lo relevante de estos planteamientos es que estas dinámicas se sitúan en la interacción de los microespacios, revelando el carácter práctico de la cotidianeidad en la constitución de conducta social.

En este contexto los espacios y momentos de interacción social se insertan como centrales. Un lugar de interacción es algo más que un punto en el espacio, es una sede de encuentros sociales de copresencia (o de encuentros cara a cara). Estas sedes se encuentran segmentadas (regionalizadas dice el autor) internamente en función, por una parte, de un espacio-tiempo relacionado con encuentros sociales más o menos ritualizadas y, por otra, por límites dados por una determinada posición del cuerpo, volumen de la voz, es decir por condiciones físicas reales, o por marcas simbólicas.
Estos elementos físicos y simbólicos se ordenan en una determinada estructura de poder, sin embargo en la copresencialidad, la interacción juega con elementos evidentes y otros no tantos de dicha estructura, lo que permite en definitiva redefinir las relaciones de poder, generando nuevas estructuras societarias. Si bien una interacción se encuentra normada, siempre existe la posibilidad de subvertir, de superar las restricciones, en algún nivel de la ritualización.

En definitiva, como Guiddens lo plantea: 'Toda vida social transcurre en la intersección de presencia o ausencia, en la extinción de un tiempo y en la difuminación de un espacio, esto esta limitado por la capacidad del cuerpo y los medios'.
Volvemos a Harvey, quién plantea que la percepción sobre el espacio se divide en tres tipos, a saber; (a) una percepción genética, administrada fundamentalmente por los animales, esta percepción les permite las migraciones. (b) Una percepción sensorial, administrada por los sentidos, la que atribuye propiedades físicas al espacio. (c) Una percepción simbólica, que atribuye cualidades al espacio en cuanto significantes, significados y sentidos socialmente construidos.

A nuestro entender, las percepciones sensoriales y simbólicas son las que se articulan para construir regiones, segmentos espaciales de interacción. Es en la interacción copresencial, cara a cara, donde hay un enfrentamiento de cuerpos en una proximidad, donde el espacio adopta un papel en la construcción de lo social, en tanto restringe movimientos y gesticulaciones. Los espacios reducidos, próximos, privilegian las interacciones, donde la participación de cada uno de los interlocutores permite subvertir las restricciones que impone el espacio. Esta dinámica que involucra percepción, interacción y construcción social forma parte constitutiva de lo que llamamos experiencia subjetiva de la ciudad.
En la restricción hay un ejercicio de disciplinamiento de los cuerpos, tal como lo plantea Foucault, en el sentido que disposiciones espaciales y gestuales predisponen simbólica y físicamente un cierto tipo de interacciones. El disciplinamiento del cuerpo se expresa en las acciones ritualizadas de mayor explicitación.

El concepto que plantea Foucault para el estudio del control de los cuerpos es el de anatomía política. Dicha disciplina tendría por objetivo aumentar el producto del tiempo y reducir la independencia de orientación por parte de los movimientos y gestos. Una disciplina, en términos generales, nace de la división calculadora de un tiempo, así como de un espacio. El poder se articula directamente sobre un tiempo y un espacio, asegura el control y garantiza sus usos. En este sentido ejemplificantes son las llamadas 'instituciones totales' tales como cárceles y hospitales psiquiátricos, lugares donde se intenta un disciplinamiento total sobre los movimientos de los cuerpos en el tiempo. En la misma línea Richard Sennett (5), como discípulo de Foucault, desarrolla la relación de las ciudades - la idea de orden que se trasluce de su construcción física - con la experiencia urbana de sus ciudadanos. Es decir, como la forma física prescribe determinada circulación y relación de los cuerpos (y por lo tanto de las interacciones posibles) en la ciudad.
Intentemos ordenar los planteamientos presentados hasta aquí. La ciudad en cuanto hecho social, posee la cualidad de contener símbolos y sentidos en sus espacios. Por su parte, la ciudad como hecho físico, posee la cualidad de establecer restricciones de movimiento y desplazamiento a los sujetos.

Desde la integración de estos dos hechos, apoyándonos en Foucault y Guiddens, planteamos que las restricciones espaciales operan como estructuras de disciplinamiento de los cuerpos, es decir, develan estructuras de poder. Esta utilización por parte del poder de los espacios, se evidencia en las relaciones de copresencialidad urbana.
Hemos intentado identificar una relación entre espacio y construcción social a través de las interacciones sociales que se producen en la ciudad. Relaciones comunicativas que interaccionan con el espacio, generando nuevas realidades como producto de dicho ejercicio.
Revisemos como se aplica el anterior desarrollo al concepto de espacio público, el cual ha re-protagonizado la discusión respecto a las formas de hacer ciudad.

Una ciudad se caracteriza por una enorme multiplicidad de interacciones copresenciales que se llevan a cabo a cada momento y en todos sus rincones. Los espacios públicos son los espacios de interacción natural de la ciudad. Como cita Borja (5); 'la mercancía más importante que se intercambia en una ciudad es la conversación, la información face to face, la murmuración...'. El comercio de esta mercancía se realiza en los mercados públicos de la ciudad. Recordemos que las primeras ciudades desarrolladas por la burguesía se constituyeron en refugios de libertad para los sujetos que lograban acceder a ellas, siendo justamente, el carácter diverso de sus habitantes la potencialidad del desarrollo de juegos de poder en los espacios públicos.

La experiencia urbana se construye a partir de las interacciones, sean estas cara a cara o mediadas. En este sentido, dicha experiencia es la que redefine permanentemente la espacialidad de la ciudad. Lograr comprender la ciudad requiere necesariamente, adentrarse en la imaginación de lo social con lo espacial, redefinir los espacios públicos y evaluar las políticas de intervención y sus consecuencias en la subjetividad de la experiencia.
En este sentido, fenómenos como la segregación o la multi-centralidad urbana (la ciudad se fragmenta en territorios independientes) requieren de una visión que de cuenta de los juegos de poder cotidianos, de la construcción de la alteridad y por lo tanto de identidad del ciudadano.
Más allá de los alcances de los planteamientos expuestos, hemos querido ejercitar la posibilidad de acercar el 'estudio de la ciudad' a una mirada compartida, forjada desde saberes locales. Sin duda que la creciente complejidad urbana requiere de comunicación entre la mirada 'satelital' y 'a pie' que mencionábamos al inicio, y de esta manera incorporar la experiencia cotidiana al artificio planificador.

Bibliografía de referencia
(1) García Canclini, N. (1997) Imaginarios Urbanos. EUDEBA, Pg 75 Buenos Aires.
(2) García-Canclini, Néstor (1995): Consumidores y Ciudadanos. Grijaldo. México.
(3) Harvey, David (1997): Urbanismo y Desigualdad Social. Siglo XXI. España.
(4) Giddens, Anthony. (1998): La constitución de la Sociedad. Amorrurtu Editores. Buenos Aires
(5) Sennett, Richard. (1997): Carne y piedra: El cuerpo y la ciudad en la civilización Occidental. Alianza. Madrid.
(6) Borja, Jordi (1999): La Ciudad del Deseo. Alianza. Madrid.